¿Respirar, Comer o Conducir?

Alfonso Raffin -Voluntario en Veterinarios sin Fronteras y Director Internacional de Desarrollo Ganadero en una industria láctea.

Pronto seremos 6.500 millones de humanos sobre la tierra y para el 2050 unos 9.000. Dicen que la única manera de parar es llevar el bienestar y educación a millones de africanos y asiáticos. Si no lo hacemos ni sus hijos ni los nuestros podrán alimentarse.
Por otro lado ya hemos llegado a 375 ppm de dióxido de carbono en nuestra atmósfera. El próximo año tendremos 1,3 ppm más, lo que seguirá acelerando el deshielo de los polos y la desertificación.

Nuestra humanidad se enfrenta a un terrible desafío: alimentarnos o darnos oxigeno. Si cortamos más árboles, para cultivar y alimentarnos, emitiremos mucho más CO2 y convertiremos la tierra en un total desierto antes de acabar el siglo.

Necesitamos árboles duraderos, que no ardan fácilmente y que retengan el agua. Los eucaliptos que invaden el norte de España hacen todo lo contrario. Necesitamos cultivar la tierra de manera sostenible, sin fertilizantes nitrogenados, rotando cultivos. Nuestros cultivos intensivos destruyen la capa orgánica generando más desierto.

Y en pleno debate de cómo repartir riqueza, conservar los árboles y cultivar la tierra, surge un elemento de destrucción total que nos priva de toda esperanza. Los llamados biocombustibles quieren arrancar a la frágil corteza terrestre lo que ya no encuentran en su profundidad. De un solo disparo siembran pobreza en los países tropicales (los paramilitares o hacenderos expulsan las comunidades indígenas y campesinas), deforestan las selvas más absorbentes de CO2 (generalmente se usa el fuego para eliminar la mata) y saturan sus tierras de fertilizantes para cultivar caña o palma en régimen de monocultivo (la tierra se empobrece y desertiza).

Por favor, paren a este bio-asesino o busquen otro planeta.

 


Hartmut Michel, alemán, 59 años, recibió el premio Nobel de Química en 1988 -conjuntamente con Johann Deisenhofer y Robert Huber- por determinar, por cristalografía de rayos X y en una bacteria, el funcionamiento en detalle de la fotosíntesis -la reacción más importante del mundo, según el jurado-. La fotosíntesis utiliza luz solar como fuente de energía para obtener sustancias orgánicas. Michel sigue en el Instituto Max Planck, estudiando la función de enzimas que tienen un papel en la respiración y el metabolismo. En la reunión de premios Nobel celebrada este verano en Lindau (Alemania), Michel no habló de su trabajo sino de una de sus aficiones: los biocombustibles. Según mostró en Lindau, los combustibles de origen vegetal no son una buena opción para combatir el cambio climático: no ahorran emisiones de CO2 y promueven la deforestación de la Amazonia. "No soy el único que dice esto, basta hacer los cálculos para verlo. Sólo que los políticos no quieren escuchar esta idea", dice Michel.
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"Las células fotovoltaicas son entre 50 y 100 veces más eficientes en lo que respecta a convertir la energía solar en eléctrica"
"Podríamos tener una 'granja solar' en el Sáhara y convertir la energía obtenida en hidrógeno, que se puede transportar"
Pregunta. Según una directiva de la Unión Europea, el 5,75% de todo el transporte basado en energías fósiles deberá ser sustituido por biocombustibles antes del 2010. ¿Es una estrategia equivocada?
Respuesta. Recomendaría abolir esa directiva: con los biocombustibles no se ahorra emisiones de dióxido de carbono. Es evidente que tenemos que reducir las emisiones de dióxido de carbono si queremos frenar o reducir el calentamiento global, tenemos que cambiar de energías fósiles a energías renovables. Pero la producción y el uso del biogás o el biocombustible no son neutrales en cuanto a la producción de CO2, porque al menos el 50% de toda la energía contenida en el biogás o en el biocombustible procede de fuentes fósiles.
P. ¿Puede explicarlo un poco mejor?
R. Para producir algunos biocombustibles, como el etanol, hace falta invertir mucha energía en forma de fertilizante, de transporte... Y también en el destilado del alcohol. Lo que obtienes al fermentar el vegetal es algo como el vino, con un 10% de alcohol, y hay que convertirlo en alcohol 100%. Para eso hay que invertir casi tanta energía como la que hay en el etanol. Y si obtienes esa energía de combustibles fósiles, acabas emitiendo más CO2 de lo que emitirías simplemente usando gasolina en el coche.
P. ¿No es algo que se pueda mejorar con nuevas técnicas de cultivo, con más investigación en general?
R. El problema de partida es que la eficiencia global de la fotosíntesis es muy baja. Menos del uno por ciento de la energía solar se almacena en forma de biomasa, y no hay muchas posibilidades de mejorar eso. El biocombustible que se puede producir por unidad de superficie y año contiene menos del 0,4% de la energía solar que ha recibido esa superficie en el mismo tiempo.
P. O sea que habría que cultivar superficies enormes para obtener suficiente biocombustible...
R. Incluso si no contamos la energía que hay que invertir en producir los biocombustibles, hay que tener en cuenta que cubrir la demanda de electricidad de Alemania con biocombustibles exigiría dedicar toda la superficie del país a cultivos energéticos. En comparación, las células fotovoltaicas son entre 50 y 100 veces más eficientes en lo que respecta a convertir la energía solar en eléctrica, y necesitan de mucho menos suelo. Los cultivos energéticos son una manera muy poco eficiente de usar el suelo.
P. Ha hablado también del riesgo de deforestación asociado al uso de biocombustibles.
R. Sí, los biocombustibles están fomentando la pérdida de selva tropical en Indonesia, Malaisia, algunas zonas de África y en Brasil. En Brasil es la soja: cada vez se cultiva más y más soja en la selva. Y quemar selva para producir soja libera una cantidad enorme de dióxido de carbono a la atmósfera.
P. En su conferencia ha dicho incluso que es más eficiente, y ahorra más emisiones, usar directamente los cultivos para calentarse.
R. Sí, puestos a cultivar, el mayor ahorro lo obtendríamos usando la madera para calefacción, en vez de petróleo o gas natural. El petróleo se dejaría sólo para los coches. De esa manera triplicas o cuadruplicas la eficiencia, no pagas el impuesto de convertir la biomasa en biocombustible.
P. Pero también ha dicho que producir biocombustibles es más barato energéticamente en algunos países que en otros. ¿Son los biocombustibles rentables al menos en algunos países?
R. Si el biocombustible se produce a partir de la caña de azúcar en los países en que este cultivo crece como si fuera hierba, sin fertilizante, como Brasil, sí puede ser un proceso rentable. En Brasil se exprime la caña y los restos de la planta se usan para destilar el alcohol. Pero en Europa, con trigo o remolacha, no es rentable. Aquí no se da la caña de azúcar.
P. Y ¿si se usan métodos biotecnológicos, enzimas, que digieran toda la planta -incluida la lignina- para aumentar la eficiencia de la producción de biocombustible?
R. No se gana mucho. La eficiencia de la conversión de biomasa en biocombustible oscila entre el 0,15% y el 0,3%. Y las células fotovoltaicas tienen ya una eficiencia de entre el 15% y el 20%. Y también son interesantes las otras formas de aprovechar la energía solar, como la energía solar térmica.
P. Así que en su opinión hay que fomentar la energía solar
R. La mejor manera de resolver nuestro problema es con energía solar, lo malo es que las células fotovoltaicas son aún muy caras. Podríamos tener una granja solar en el Sáhara, por ejemplo, y convertir la energía que se obtuviera en alguna otra forma de energía que se pueda transportar, como el hidrógeno. Eso, hasta que se desarrollen cables superconductores a temperatura ambiente.
P. Si está tan claro que los biocombustibles no son una opción, ¿por qué todo el mundo apuesta por ellos?
R. Es que son una idea muy atractiva, el término bio vende mucho... Pero no soy el único que critica los biocombustibles. Basta hacer los cálculos.

Columna publicada en el diario el País (España)

Los biocombustibles
nos hacen más pobres

a todos, pero a algunos más que a
otros. El artículo publicado en EL
PAÍS firmado por el director general
de la FAO con el título Los
biocombustibles deben beneficiar a
los pobres puede ser mal interpretado
y dar alas a los que quieren
hacerse muy ricos con este negocio.
Además, es la antítesis del que
también publicó este periódico
donde el presidente de la Asociación
de Jóvenes Agricultores de
Alicante explicaba que "el minifundio
impide al campo apostar por
los cultivos energéticos".
Es cierto que millones de campesinos
pobres se calientan y cocinan
con leña y estiércol y que carecen
de electricidad, que también
podría producirse con estas fuentes.
Pero los dramáticos datos que
la actual convención contra la desertización
nos ofrece hacen dudar
de que leña y pastos para ganado
sigan estando disponibles en cantidades
suficientes para estas poblaciones
en rapidísimo crecimiento.
Es urgente aportar materia orgánica
a sus tierras para parar un fenómeno
irreversible que condenará
al hambre y la sequía a los hijos de
estos campesinos, primero, y a los
nuestros, después. Esta materia orgánica
la aportan el estiércol y los
residuos de cosechas. Aunque mucho
antes de que el utópico deseo
de ver leña y estiércol generando
electricidad a los pobres se pueda
hacer realidad, veremos, y estamos
viendo, maíz, soja, azúcar y aceite
vegetal transformarse en carburantes
para coches; también cómo las
empresas que los producen toman
tierras en estos países pobres con
la fuerza del capital, de la extorsión
o de leyes de gobiernos corruptos.
Ni una gota del biodiésel o etanol
que usted pueda colocar en su
depósito habrá sido producida por
un pequeño agricultor del mundo
pobre, pero puede estar seguro de
que esa gota les habrá robado muchas
gotas de agua para cultivar
frijoles o arroz, y puede que alguna
gota de sangre en la defensa de
sus tierras.- Alfonso Raffin. Director mundial
de Desarrollo Ganadero de industria láctea