Que los gobiernos y grupos sociales se unan para crear unas infraestructuras acordes a los requisitos de la naturaleza, no basándose en el urbanismo especulativo y peligroso para la población. Tristemente sabemos que la gran cantidad de víctimas de esos ataques de la naturaleza son las clases pobres.
Me entristece la falta de conciencia y humanidad que reluce de los grandes grupos de poder cuando desastres de este tipo afloran. Por desgracia la factura la empezamos a pagar en el siglo XXI. Es una deuda que la naturaleza quiere saldar de forma rápida: solo pide equilibrio. El hombre desde finales del siglo XIX y principios del XX ha tenido la ceguera y el desconocimiento de crear industrias con efectos secundarios importantes -más de cien años de contaminar y maltratar globalmente el planeta, son demasiados-.